El primer cargamento de aproximadamente 15.000 toneladas de aluminio que llegó a EEUU proveniente del mayor fundidor de Venezuela marcó un hito temprano en los esfuerzos de la administración Trump por asegurar los vastos recursos minerales del país para las cadenas de suministro estadounidenses.
Al recibir este cargamento, junto al secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, se encontraban los fundadores de Heeney Capital, una firma de inversión que se ha asociado con el gigante suizo del comercio de materias primas, Mercuria Energy Group, para enviar aluminio desde la empresa estatal venezolana Venalum y venderlo a fabricantes estadounidenses.
Pero, en el mundo relativamente reducido de la industria minera y metalúrgica, pocos han oído hablar de Heeney Capital, con sede en Nueva York. La firma, una empresa privada cuyo sitio web está restringido a inversores registrados, se describe a sí misma como una inversora en proyectos mineros en etapa inicial, detalla Banca y Negocios.
En cuestión de meses, sus cofundadores, Henry Heeney (38) y Sean Pi (36), han pasado de presentar propuestas breves a funcionarios de la administración Trump a desempeñar un papel central en los esfuerzos de Washington por reactivar la inversión minera estadounidense en Venezuela.
«Son una firma muy pequeña y relativamente desconocida», señaló Alexis Harmon, directora asociada del Centro de Energía Global del Atlantic Council. «Pero el portafolio del que están hablando es enorme», agregó.
El rápido resurgimiento de Heeney refleja una característica del impulso de Washington por reabrir los sectores de materias primas en Venezuela a la inversión estadounidense. Desde la incursión militar estadounidense en enero pasado, firmas independientes y más pequeñas como Pacific Coast Energy Co., Augusta Capital y Gold Reserve Ltd. han acudido rápidamente para aprovechar oportunidades que muchas empresas de mayor tamaño, cautelosas ante los riesgos económicos y políticos, han evitado hasta ahora.
Los fundadores de Heeney Capital
Heeney y Pi se conocieron mientras trabajaban como analistas en Nueva York para Evercore Inc. La pareja inició su negocio junta tras dejar el banco de inversión y acumuló un portafolio de depósitos minerales en etapas iniciales mediante adquisiciones, al tiempo que cofundó compañías como Mayfair Gold, propietaria de un depósito en Canadá, y Siguiri Gold en Guinea.
Pi y Heeney no respondieron a las solicitudes de comentarios.
Pi fue una incorporación de último minuto a una delegación estadounidense que viajó a Caracas en marzo con el objetivo de impulsar acuerdos metalúrgicos en Venezuela, aunque le costó atraer a grandes mineras estadounidenses.
Alcoa Corp., el principal productor de aluminio de EEUU, declinó una invitación para asistir a dicha delegación, según personas familiarizadas con el asunto. Un portavoz de la compañía se negó a hacer comentarios sobre el viaje de marzo.
Pi se reunió con funcionarios estadounidenses, entre ellos Jarrod Agen, director del Consejo de Dominio Energético de la Casa Blanca, y David Copley, un exejecutivo de Newmont que se ha convertido en uno de los principales funcionarios de la administración para inversiones mineras.
Junto a los acuerdos de envío, Heeney está intentando asegurar el control operativo del fundidor de aluminio Venalum, la planta más grande del país. Los cofundadores también revelaron un acuerdo en septiembre para invertir hasta 1.000 millones de dólares en el desarrollo y operación de la mina de oro El Chocó en Venezuela durante los próximos 30 años. Heeney estima que podría producir hasta 200.000 onzas al año, con un valor aproximado de 820 millones de dólares a los precios actuales.
Venalum y el Ministerio de Información del gobierno venezolano no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
Heeney también está explorando acuerdos para otros minerales como el carbón, y tiene la ambición, a través de los acuerdos en Venezuela, de construir una casa de comercio (trading house) de metales con sede en EEUU, según indicaron personas allegadas.
Si Heeney logra acceso a Venalum, la planta necesitará alrededor de 500 millones de dólares para restaurar su capacidad total de 430.000 toneladas de aluminio al año, de acuerdo con fuentes familiarizadas con el activo. La restauración podría tomar de cinco a siete años, ya que el fundidor actualmente opera a solo una pequeña fracción de su capacidad.
Poco se sabe públicamente sobre las finanzas de Heeney o su acceso a financiamiento. Según un documento público de marzo, Heeney controla al menos un fondo privado con un valor bruto de activos de 20 millones de dólares.
En su testimonio ante la Cámara de Representantes de EEUU en febrero, el cofundador Pi afirmó que la firma respalda un portafolio de aproximadamente 1.200 millones de dólares en activos, que comprende nueve proyectos mineros en seis países fuera de EEUU. Esos proyectos incluyen uno de acero y vanadio en Trinidad y Tobago y uno de mineral de hierro en la República del Congo.
Las empresas privadas como Heeney tienen más libertad para asumir activos venezolanos sin despertar la ira de accionistas institucionales o tener que cumplir con los requisitos internos de debida diligencia de los gigantes mineros. Sin embargo, aún deben lidiar con la incertidumbre política de Venezuela, reseña Bloomberg News.
Por: Agencias / Foto: Cortesía
