La noche en la Quinta Vergara pasó de la incertidumbre a la celebración. Tras el show del dúo mexicano Jesse & Joy, el comediante venezolano George Düch asumió el desafío de enfrentar al exigente “Monstruo” del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar con una rutina marcada por la experiencia migrante y la identidad cultural.
Radicado hace 11 años en Chile, Düch construyó su presentación a partir de las diferencias cotidianas entre venezolanos y chilenos, sumando guiños a la contingencia política y a episodios recientes del certamen. “No me esperaba la invitación a este gran festival, porque el año pasado pasaron cositas”, lanzó en los primeros minutos, en referencia al complejo paso de su compatriota George Harris en la edición anterior.
Los primeros pasajes estuvieron marcados por algunas pifias ante chistes políticos y referencias migratorias. Sin embargo, el humorista logró revertir el ambiente apelando a la nostalgia y a símbolos compartidos por el público chileno.
El punto de quiebre llegó con la entrega de la Gaviota de Plata. Emocionado, dedicó el reconocimiento a Chile como país de acogida: “Esto demuestra que cuando uno quiere a Chile, Chile te quiere de vuelta”.
La sorpresa mayor vino cuando el comediante tomó una guitarra para interpretar “Mi Equilibrio Espiritual”, tema del programa infantil 31 Minutos, explicando que su hijo es seguidor del espacio. El gesto reforzó el vínculo con el público, que coreó la canción.
La energía aumentó con la aparición de Rodrigo Salinas, quien subió al escenario para acompañarlo en una canción original inspirada en el universo del recordado noticiero de marionetas. Salinas también evocó personajes de El Club de la Comedia, desatando una de las mayores ovaciones de la jornada.
El cierre incluyó una versión propia de “Mamut Chiquitito” y un distendido intercambio con la animadora Karen Doggenweiler, antes de que el público pidiera la Gaviota de Oro, que finalmente le fue concedida.
Con el doble galardón, Düch selló un debut exitoso en el escenario más relevante de la música latina. Aunque en redes sociales surgieron opiniones divididas , algunos calificaron la rutina como irregular, predominó la valoración de su capacidad para conectar desde la experiencia migrante, la música y la memoria cultural chilena.
